La vigésima octava edición de la Feria Internacional del Libro llegó a su fin con una destacada participación y una gran satisfacción general entre los asistentes. Esta edición no solo fue un punto de encuentro para amantes de la literatura, sino también una oportunidad para promover la lectura como herramienta fundamental en el desarrollo personal y educativo de los más jóvenes.
Los vendedores reportaron un buen desempeño durante los días de la feria, lo que refleja la confianza en el mercado editorial y la demanda de libros de calidad. Por otro lado, los visitantes disfrutaron de una amplia selección de títulos, desde clásicos hasta novedades, lo que permitió una experiencia diversa y enriquecedora.
Un aspecto destacado fue la atención especial dedicada a los niños y jóvenes. La feria incluyó espacios interactivos, talleres de lectura y actividades que buscan fomentar el hábito de la lectura desde edades tempranas. Esta estrategia no solo promueve la cultura literaria, sino que también contribuye al desarrollo cognitivo y emocional de los asistentes más jóvenes.
Con su cierre, la feria deja una huella significativa, no solo por el éxito económico, sino también por su compromiso con la educación y la formación de lectores del futuro.