En la plaza de San Francisco de Quito, Ecuador, se vivió una jornada especial donde cientos de familias llevaron a sus mascotas a recibir una bendición religiosa. El ritual, llevado a cabo por frailes franciscanos, incluyó a perros, gatos, conejos, peces y hasta un gallo, lo que resalta la diversidad de animales que forman parte de las vidas de los ecuatorianos.
La tradición, que se ha convertido en un evento anual, no solo refleja el cariño que las personas sienten hacia sus mascotas, sino también la importancia que estos seres tienen en la cultura y la vida cotidiana del país. Además, algunas personas llevaron las cenizas de sus mascotas fallecidas, buscando un momento de reflexión y consuelo.
Este acto religioso, que combina fe y afecto, se ha convertido en un símbolo de la conexión entre los humanos y los animales, destacando cómo el cuidado y el respeto hacia los seres vivos son valores profundamente arraigados en la sociedad ecuatoriana.